El Hombre que Pinto a México en Iconos

El valor del trabajo de diseño
agosto 3, 2014

El Hombre que Pinto a México en Iconos

Para bajar en una estación de metro en Ciudad de México no se lee, se mira. La capital de este gigante norteamericano decidió hace 47 años que la línea de suburbano que iba a llevar de acá para allá a los 20 millones de habitantes de la metrópoli estaría escrita en Logos.Cada parada, el suyo. Un método no casual para un país que en esa época marcaba en sus estadísticas más de un 25% de analfabetismo. También, una idea que ha hecho del tren subterráneo de esta urbe un fenómeno único en el mundo en cuestión de diseño.

Al otro lado del teléfono, desde Nueva York, responde al auricular un octogenario de voz agrietada al que se le relaja el tono cuando se le recuerdan aquellos dibujos. “Sí, yo soy Lance Wyman”, se presenta el creador de la ilustre iconografía del Metro mexicano.

En 1967 el Gobierno del Distrito Federal llamó al norteamericano para hacerle ese encargo especial bajo la coordinación del arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez (y la asistencia de los arquitectos Arturo Quiñonez y Francisco Gallardo). Los chilangos se habían quedado satisfechos con las ideas pictóricas de Wyman después de haber creado el símbolo que representó las olimpiadas de 1968, y ahora iban a probar sus habilidades para dejar bien claro, y sin palabras, por dónde se moverían las líneas 1, 2 y 3 del subterráneo.

“Al diseñar los gráficos para los Juegos Olímpicos de México 68 me di cuenta de que los íconos comunicaban con efectividad a un público internacional», cuenta el anciano diseñador. «Cuando utilizábamos palabras teníamos que utilizar tres idiomas: español, francés e inglés. En muchas áreas, en las taquillas de venta de entradas, por ejemplo, solo utilizamos íconos para casi la totalidad de la información necesaria y funcionó. Eso tenía que pasar en el Metro”.

Empezó por la M anaranjada que marca la identidad del suburbano. Un trabajo que casi medio siglo después aún levanta pasiones entre los ilustracdores actuales de primera línea como Alejandro Magallanes. «En ese símbolo lo mismo puedes ver la M, que las vías, que el vagón; es muy fuerte», dice con admiración el creador defeño sobre esos iconos con los que ha crecido. «Wyman y su equipo consiguieron que fuera un símbolo que no era equívoco, pero tampoco unívoco. Se trata de un alfabeto inventado y muy bien hecho».

– ¿Cómo fue su proceso creación, señor Wyman? ¿En qué se inspiraba? En definitiva, ¿qué hay que hacer antes de imaginar todos esos iconos?

-Durante la construcción del Metro trabajé directamente con ICA e ISTME, las empresas que diseñaron, construyeron y pusieron en marcha el Metro. Había muchos empleados de todas partes de Ciudad de México. Gran parte de la información necesaria para comprender y diseñar los iconos de la estación vinieron directamente de esas personas que vivían en las zonas donde estaban las estaciones. El resto provino de la historia o funciones conocidas comúnmente de una zona con parada.

Un cañón representaría Balderas, igualito a los que se pueden ver en la calle cerca de esa boca. Una cesta de manzanas de mercado dejaría claro que se está pasando por la Merced. Isabel la Católica quedaría plasmada en forma de barco colono y unos patos no fallarían para indicar al viajero que puede apearse si desea visitar la Candelaria.
“Uno de mis iconos favoritos es el de la estación Pino Suárez, un exvicepresidente de México que fue asesinado”, confiesa una anécdota con cinco décadas de solera Wyman. “Por un buen rato nos fue muy difícil dar con una idea para la estación, pero justo descubrieron una pirámide azteca en el lugar en ese momento. Acabé utilizando la pirámide, que se encuentra en exhibición permanente en la estación. Me sentí como si estuviéramos recibiendo ayuda de los aztecas”.
En opinión de Magallanes, lo que hicieron aquellos diseñadores no fueron unas líneas de Metro al uso, sino “un códice moderno”. “La importancia de los iconos del metro de México es muy grande, porque es la identidad que desprende todo nuestro sistema de comunicación”, afirma. De hecho, si tuviera que sacarle alguna pega a la red, sería a algunos de los símbolos que llegaron tiempo más tarde de la mano de otros. “Algunos no tienen la misma contundencia que tenían los símbolos del principio. Yo creo que hay que acercarse lo más posible al modelo original, porque funciona”.

– ¿Qué es necesario para diseñar un icono, señor Wyman?

-En este caso, el de las estaciones de Metro, es importante que el icono de la estación tenga un significado relacionado con ella. La imagen debe ser clara y fácilmente reconocible. Puede además convertirse en una especie de orgullo para la gente que vive en la zona. Aunque, por supuesto, lo más importante es que cada icono sea diferente del resto, y que cada uno se puede identificar en cualquier idioma. Que una persona de China pueda decirle a un amigo cómo ir a la estación ‘de la cabeza del águila’ en chino sin tener que recordar o decir la palabra Cuauhtémoc.

En la capital mexicana la estación de Tacubaya tiene forma de tinaja porque en nahuatl (idioma azteca) quiere decir “lugar donde se junta el agua”; Copilco es una serpiente acuática porque así llamaban a ese icono en la cultura olmeca; en Mixiuhca se ve la silueta de una mujer con un recién nacido en la mano porque los pueblos prehispánicos denominaban con esa palabra al ‘lugar de partos’; y Peñón Viejo está representado por un peñón basado en la forma en el que lo representaban los aztecas. “EL Zócalo es, muy acertadamente, el símbolo nacional porque así entienden los mexicanos ese lugar”, aporta Magallanes.
“Históricamente, México tiene una cultura muy gráfica”, cuenta el octogenario. “Los diseñadores prehispánicos eran fenomenales y el arte popular de hoy es muy vivo y vibrante. Estoy muy influenciado por esa cultura cuando trabajo allí y creo que la gente sabe eso”.
Él es un devoto de dejarlo todo claro a grandes trazos. Afirma que “los iconos son importantes cuando están diseñados para comunicarse de manera efectiva, y que pueden tener muchos niveles de significado, tener humor… pero sobre todo que se puedan entender sin la necesidad de un lenguaje específico. Que puedan ser por sí mismos un lenguaje visual eficaz”.
Magallanes secunda la opinión del maestro y considera que para realizarlos, un diseñador “tiene que pensar como si estuviera haciendo una ilustración para un libro, centrarse en un nombre, un monumento, una persona. Tiene que darse cuenta de lo que es importante en ese lugar”. Si a él le hubieran encargado hacer uno quizás hubiera elegido Barranca del Muerto, “porque se podría hacer con él algo divertido y poético mientras estás indicando el nombre de una estación que no deje lugar a duda”.
Como gringo sin demasiado dominio del español, Wyman consideró en su día que “Ciudad de México es una ciudad importante, y gente de muchos lugares que no hablan español la visita”. Por eso pensó que “los iconos les harían más fácil entender y utilizar el Metro”. El autóctono Magallanes se alegra de que el estadounidense resolviera de aquel modo esa idiomática necesidad e invita a esos extranjeros en los que él pensó a visitar el suburbanos de la ciudad. Para él la herencia de esos maestros que dibujaron México en iconos fue la obtención de “un Metro original”, “diferente al resto de los metros del mundo”.

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